La economía informal continúa siendo una de las principales fuentes de ingreso para millones de colombianos.
A pesar de los avances en algunos indicadores macroeconómicos, la estructura laboral del país mantiene una alta dependencia de actividades no reguladas.
Esto implica inestabilidad, falta de protección social y una vulnerabilidad constante frente a cualquier cambio económico.
El problema no es nuevo, pero su persistencia revela una dificultad estructural para transformar el modelo laboral.
La informalidad no es una excepción. Es una base.
Y mientras siga siendo así, cualquier mejora en los indicadores será parcial.
Porque el crecimiento no necesariamente significa estabilidad.

