En Colombia, vivir al día dejó de ser una situación excepcional para convertirse en una condición generalizada.
Millones sostienen su economía en ingresos inestables y trabajos informales.
Lo más grave no es solo la precariedad, sino su normalización.
Esto reduce la capacidad de planificación y limita la movilidad social.
Cuando la urgencia domina la vida, también domina la forma de decidir.
Y un país que vive al día también vota al día.
